miércoles, 20 de febrero de 2019

LA EDUCACIÓN EN EL HOGAR PARA EVITAR CONDUCTAS DE RIESGO


LA EDUCACION EN EL HOGAR PARA EVITAR CONDUCTAS DE RIESGO
Por: Pavlusha K. Luyando Joo
Lima Perú

La familia es el lugar más seguro en que puede desarrollarse un ser humano en sus primeros pasos por este mundo. El ser humano es uno de los pocos seres en la naturaleza que necesitan protección en sus primeros años de vida; sin esta protección el hombre simplemente moriría.

El hogar le da al recién venido al mundo la protección necesaria y le proporciona el afecto para que su desarrollo psicológico sea normal.

El hogar propicia la transmisión de valores, la cultura, las costumbres y tradiciones de una comunidad a través de la familia. A través de la enseñanza en el hogar se transmite la Fe, que forma parte de la cultura del colectivo familiar y de la nación.

La interacción con los miembros de la familia permite desarrollar la dimensión social, fortalece los vínculos solidarios, de ayuda recíproca, de tolerancia, de liderazgo.
El significado de compartir se aprende en primer lugar en la familia; así como los límites que hay que tener. También se aprende a conocer los riesgos por la experiencia vivida de los mayores. En la familia se aprende el significado práctico del amor y del perdón.

La familia prepara para los momentos difíciles, los miembros de la familia transmiten la fortaleza  necesaria para los duros momentos. La tristeza es más llevadera cuando hay apoyo familiar, cuando llega la crisis económica o la enfermedad.

La familia por ello es el núcleo fundamental de toda sociedad humana.
Sin la familia el ser humano no hubiera podido existir sobre la tierra, los continentes no se hubieran poblado. 
Sin familias se extinguiría la humanidad, no hubiera mano de obra que trabaje la tierra, no aparecerían mentes talentosas que aporten al desarrollo de la humanidad. La humanidad sin nuevas generaciones sucumbiría de soledad. El hombre solo sobre la tierra, no podría amar, ni dar ni poder recibir, ni entregar.

Casi todos los problemas humanos de nuestro tiempo pueden reducirse a un problema de educación que ha empezado en la familia, por ello los padres tienen la obligación de formar un ambiente familiar que favorezca la educación  individual y social de sus hijos.

La educación de la inteligencia, es relativamente fácil. Pero la formación de actividades morales, estéticas y religiosas es muy difícil. La influencia del medio sobre estos aspectos es muy sutil. Nadie puede distinguir el bien del mal o la belleza de la vulgaridad siguiendo un curso. La belleza y la mística se aprenden cuando se halan en nuestro ambiente y forman parte de nuestra vida diaria (Carrel , la incógnita del hombre).

Los hombres útiles son aquellos que están dotados de capacidades intelectuales, morales y orgánicas. El equilibrio de estas capacidades debe ser el objetivo de la educación en el hogar.
Los eruditos; artistas, filósofos se caracterizan por haber hipertrofiado solo una dimensión humana. Rara vez son equilibrados. Esa falta de equilibrio, genera consecuencias sobre la personalidad, pero muchas veces esa característica desordenada puede producir una influencia negativa sobre la sociedad.
Una educación autoritaria puede tener consecuencias en la personalidad
La historia es testigo de personajes como Hitler, Lutero, terroristas y dictadores; que al recibir una educación autoritaria o carente de afecto, volcaron sus odios y resentimientos en la estructura social que les toco dirigir en su papel de líderes.

Una educación orientada a que los hijos hagan lo que les plazca también es negativa
Aristóteles decía: “la permisividad produce malvados” y eso es lo que ocurre si es que pasamos al otro extremo y dejamos que ellos hijos hagan lo que se les plazca.
Un individuo abandonado a sus impulsos, se convierte en un tirano incapaz de tener dominio de sí. Será presa del instinto sexual, de la ira o la pereza.

«Estos niños de ahora no conocen el respeto», «qué maleducados son» … Desafortunadamente, comentarios como estos se escuchan con frecuencia.
Es un hecho que se le ha restado importancia al tema de sobre que educar, y las consecuencias son lamentables, algunos padres han relegado a un segundo plano este aspecto de la educación. Si el niño no saluda, es porque "es tímido". Si salta encima del sillón, se debe a que "es tan alegre y tan llena de energía". Cuando se abalanza sobre la comida es porque "por suerte es buena para comer". Y si se niega a cumplir una orden, la razón es "que tiene mucha personalidad"».

Hoy hay mucha confusión, se tiene la idea de que los niños tienen que ser auténticos, espontáneos, libres como sea. No es que los padres no quieran enseñarles buenos modales, sino que hoy no existe conciencia de que se deben enseñar.

Es necesario entonces, establecer una gran diferencia entre la naturaleza infantil y el mal comportamiento en los niños. la buena educación busca que el niño interiorice el comportamiento social que será determinante en su futuro. Asimismo, las buenas maneras van mucho más allá de unas “simples normas de etiqueta”; son una expresión de valores tan importantes como el respeto, la obediencia, amabilidad, reciedumbre, tolerancia; lecciones que se brindan en la familia, sin duda.

En la actualidad es importantísimo que los padres eduquen en la formación de la conciencia de sus hijos. Una conciencia bien formada permite andar en la verdad y previene conductas de riesgo. Por ello es preciso que los padres estén convencidos de la importancia que tiene la rectitud de conciencia.

Debemos enseñar que no se puede justificar el mal para obtener un bien, que el fin no justifica los medios. Que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran. La formación en la conciencia permite, mirar nuestros propios actos y corregir lo que esté mal.

Educar la conciencia tiene como objetivo abrirse a los valores asimilándolos como propios, percibiendo el bien y el mal como algo por hacerse o evitarse. También fortalecemos en influjo de la conciencia sobre la voluntad, llevando a la persona a hacer el bien y evitar el mal.
Formamos la conciencia para que los hijos puedan discernir sobre la bondad o maldad de los actos y ponerlos en práctica.

“Para ayudar a nuestros niños y jóvenes a adquirir una recta conciencia debemos animarlos y ayudarles a estudiar nuestra doctrina católica, los evangelios, documentos y orientaciones de la iglesia de una manera constante. También debemos ayudarles y animarlos a reflexionar antes de actuar, pensando siempre en lo que están haciendo, en por qué lo están haciendo, en las consecuencias que ello puede tener para ellos o para los demás, en la manera como se sentirán después de hacerlo”. (Carmina García LD)

Así También hay que enseñarles a no guiarse por instintos, por modas; sino por convicciones altas, independientemente de lo que los otros digan o hagan.
Debemos promover en ellos la virtud de la sinceridad, para que sean capaces de llamar a las cosas por su nombre, ante ellos mismos, ante Dios y ante quien dirija su alma.

Los problemas de conducta se inician en el campo de la conciencia, cuando se empiezan a encontrar justificaciones fáciles para no hacer el bien o para hacer el mal.

Debemos enseñar a nuestros hijos a nuestros hijos a obrar siempre de cara a Dios con el único deseo de agradarle, sin utilizar otros criterios de aceptación social para justificarse.

Una educación sin Dios, es la puerta libre para que el hombre sea dominado por sus deseos y sus más perversas inclinaciones.

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