miércoles, 17 de junio de 2015

¿DÓNDE COMIENZA LA VIDA HUMANA?

¿DÓNDE COMIENZA LA VIDA HUMANA?
Fuente: ABC; Autor: JUAN MANUEL DE PRADA

En los seres inanimados el criterio de identidad se cifra en la permanencia de las partes que lo forman; un ser vivo, por el contrario, se caracteriza precisamente porque su entidad material cambia, por su constante interacción con el medio externo; a esto se le llama metabolismo. Los seres inanimados son estables, son siempre lo mismo. Por el contrario, un ser vivo no es siempre lo mismo, su identidad no es estática, sino dinámica; y ese dinamismo -desarrollo metabólico- es lo que lo distingue precisamente de los seres inanimados. Resulta entonces evidente que un embrión es, desde el momento de la fecundación, un ser vivo. Ahora bien, ¿podemos afirman que se trata de vida humana? He aquí la gran pregunta.

La pertenencia a una especie determinada se establecía en otras épocas a través de semejanzas anatómicas y funcionales; y, conforme a este criterio elemental, se concluye que un cigoto no se parece a un hombre. Pero los avances de la biología nos permiten afirmar que la pertenencia a una especie determinada se establece mediante el estudio genético. Todos los individuos de una misma especie tienen una misma configuración genética (aunque la combinación cromosómica sea distinta en cada uno de ellos), nos dice la moderna biología. 

A la luz de sus descubrimientos, puede sostenerse que la vida humana tiene su origen en el cigoto, pues en él ya se halla toda la información genética que, de no mediar interferencias en el proceso, conducirá a la formación de un individuo humano único, distinto a cualquier otro que antes haya existido o vaya a existir. Esto es lo que diferencia al cigoto de cualquier otra célula perteneciente a nuestro cuerpo que, al igual que el cigoto, posea un genotipo humano. ¿Hemos de considerar, por ejemplo, que una célula tomada de cualquiera de nuestros órganos es vida humana? Evidentemente no. Lo que hace del cigoto vida humana es que no forma parte de un organismo humano adulto; ni siquiera del cuerpo materno, ya que su genotipo es distinto del que poseen las células del cuerpo de su madre.


Sobre el desarrollo embrionario de ese cigoto intervendrán posteriormente hormonas maternas; pero estas necesarias aportaciones que favorecen el desarrollo del cigoto activan o inhiben la información genética, en ningún caso la dirigen. Los genes del cigoto reconocen tales aportaciones hormonales, que desencadenan la realización de un programa genético preexistente.

Hay quienes afirman que sólo puede hablarse de vida humana desde que se produce la anidación del cigoto en el útero, puesto que hasta entonces no hay «individualización», como demuestra la posibilidad de gemelos monocigóticos. Pero la existencia de gemelos monocigóticos, fruto de una división del cigoto tras la anidación, no demuestra que el cigoto no sea vida humana; demostraría, en todo caso, que el cigoto puede ser origen de varios procesos vitales. El cigoto posee una esencia constitutiva y singular, aunque su singularidad pueda dar lugar a varios procesos vitales; y esa esencia constitutiva y singular -esto es, un código genético propio, distinto al de sus progenitores- es lo que nos permite reconocerlo, haciendo uso de la racionalidad ética, como miembro de la familia humana. 

martes, 2 de junio de 2015

REFLEXION DE UN DOCENTE UNIVERSITARIO


REFLEXIONES DE UN DOCENTE UNIVERSITARIO
Por: Pavlusha K. Luyando Joo
luyandojoo@yahoo.com

Tengo  varios años de docente universitario en la facultad de medicina, y a lo largo de ellos he ido observando  ciertos aspectos que han ido cambiando en el pensamiento del estudiante de medicina.
Los jóvenes que ingresan hoy a las aulas universitarias tienen una preparación en cuanto a conocimientos generales muy vasta; sin embargo no lo mismo sucede en el aspecto moral, formativo y humano. Es decir hoy observamos numerosos universitarios con una hipertrofia en la dimensión intelectual en desmedro de la formación  humana, tan necesaria en todas  las profesiones; sobre todo las del campo de la salud.

Todo ello conlleva a que les sea muy difícil tener una visión profunda de las cosas, la reflexión no es el fuerte del estudiante de hoy. Esto podría ser muy peligroso sobre todo cuando se trata de situaciones límites en donde es preciso ejercer con profundidad el ejercicio de la razón.
Con marcada probabilidad, esta carencia de mirada profunda de los fenómenos, hace que sus criterios sean muy influenciables; sobre todo por las redes sociales –hoy en boga-; por cualquier titular impactante de los medio de comunicación  o tal vez por algún discurso impactante que escucha.

Las redes sociales son el fenómeno más influyente de los últimos tiempos, caracterizadas por la poca profundidad de sus publicaciones, en donde predomina lo breve y lo emotivo. En definitiva influye en el pensar y el actuar de la persona que está expuesta de forma crónica a  las mismas.

Hoy más que nunca  el hombre tiene facilitado el acceso al conocimiento gracias al internet, pero hoy en día le cuesta más difícil discernir sobre los aspectos ético-morales cuando lleva a la práctica los conocimientos adquiridos.
En cuanto a la medicina; no se debería concebir a un médico formarse únicamente en cuestiones técnicas vinculadas a la profesión; sino más bien procurar que se forme también en humanidad, moral, principios. Hoy  en la medicina predomina la corriente del aprendizaje técnico, olvidándose del aprendizaje en principios ético- morales.

El principal problema es que el mundo moderno relativiza todo, y cuando hablamos de ética, de principios hay cuestiones que no se pueden dejar al relativismo o al “libre criterio”, sobre todo cuando en medicina hablamos de la vida de un embrión, de un anciano, de un enfermo terminal, es decir de salvar una vida.

La ciencia a través de la técnica puede hacer muchas cosas asombrosas; pero ¿es ético que el hombre de ciencia haga lo que quiera con ella?

Si al joven estudiante de medicina no se le forma en principios le será muy difícil entender en toda su dimensión lo que significa salvar una vida..

jueves, 2 de abril de 2015

CRITICA A LA LEGALIZACIÓN DE LA MARIHUANA

CRITICA  A LA LEGALIZACIÓN DE LA  MARIHUANA
Proclamar que no podemos evitar la difusión de drogas es una mala señal
Julio María Sanguinetti, abogado y periodista, fue presidente de Uruguay (1985-1990 y 1994-2000).

Ya es un tópico en los tiempos que corren decir que la política represiva del consumo de drogas ha sido un fracaso y que ha llegado la hora de su legalización. Antes que nada digamos que el fracaso está mucho más en la sociedad contemporánea, que desde hace medio siglo ha sido ganada por un consumo devastador que todos los días nos cobra vidas, algunas tan notorias como la del actor Philip Seymour Hoffman, recientemente fallecido. Mientras las juventudes no sientan que sus vacíos espirituales, sus angustias existenciales o sus aventureras rebeldías no se saciarán con paraísos artificiales, habrá una demanda y, como inevitable consecuencia, existirá una oferta. Ser o no ser, esta es la cuestión, que dijera el célebre inglés.

A partir de esa demanda, la represión efectivamente no ha logrado —ni logrará— la erradicación del consumo. Su enfrentamiento a las redes del narcotráfico, sin embargo, han servido para detener su avance sobre el poder político y la influencia social. Si Colombia no hubiera resistido como lo ha hecho a la narcoguerrilla, ¿no es razonable pensar que hoy tendríamos un Gobierno digitado por los herederos de Pablo Escobar?
Lo que claramente decepciona es que siendo una prioritaria cuestión de salud, no se estén realizando las campañas preventivas que informen sobre los males que hoy sabemos fehacientemente que producen las adicciones, aun la célebre marihuana, que durante años fue tomada como inocua y hoy nadie duda, en la comunidad científica, de sus perniciosos efectos sobre la concentración, la depresión, la paranoia, la memoria y aun la inteligencia. También se sabe que aumenta el riesgo en los accidentes de tránsito, universalmente prevenidos en el consumo de alcohol y de más difícil control en su caso.

Nadie deja la heroína para fumar cannabis, mientras que el camino inverso es más verosímil
En mi país, Uruguay, desde hace muchos años está despenalizado el consumo personal y la tenencia de una dosis acorde con esa finalidad. Ahora, en medio de una formidable improvisación, se ha dictado una ley en la que el Estado asume el control universal de la plantación, comercialización, importación e industrialización del cannabis. Particularmente detallista, autoriza a las farmacias a venderle 40 gramos de marihuana por mes a quienes se registren oficialmente. Al mismo tiempo, se habilita el autocultivo de hasta seis plantas, con una cosecha máxima de 440 gramos y el cultivo en clubes de 15 a 45 socios, con un máximo de 99 plantas, que podrán producir la cantidad proporcional al número de sus integrantes. Se añade, ilusoriamente, que las variedades a plantar serán proporcionadas por el Estado y ninguna rebasará el principio de 0,5 de THC.

La propuesta nació bajo la proclama de evitar que se difunda el consumo de drogas peores y de reducirle al narcotráfico su espacio de actuación. Lo primero se ha demostrado sin fundamento por todas las cátedras y entidades de expertos en toxicología: nadie deja la heroína o la abominable “pasta base” para fumar marihuana, mientras que alguien que pasa esta barrera psicológica queda en posición de mayor riego para caer en la adicción a otros psicotrópicos más destructivos. En cuanto al narcotráfico, resulta ingenuo pensar que se le reducirá el mercado cuando seguirá comercializando todas las demás drogas y podrá estar detrás de ese jolgorio de plantaciones individuales y colectivas que cuesta pensar que el Estado podrá realmente controlar.

No ignoramos que en el mundo la tendencia que crece es la desregulación. Pero más por resignación que por la convicción de que la libertad nos lleve a la moderación. Bajar los brazos de este modo, proclamar la incapacidad de la sociedad para evitar la difusión de drogas y darle a los jóvenes la señal de que es algo permitido no nos conducirá a buen puerto. Que se estructuren políticas de reducción de daños y que internacionalmente procuremos mejores mecanismos de prevención parece impuesto por las circunstancias. Pero que individualmente un país se lance a la ventura, como en su tiempo lo hizo Holanda, no abre un camino de esperanza.

¿Cómo se explica que hayamos hecho tanto esfuerzo, y exitoso, para reducir el consumo del tabaco y ahora nos resignemos a que la marihuana circule como una bebida refrescante? ¿Quién ha demostrado que es “progresista” combatir el tabaco y “conservador” oponerse a la legalización de la marihuana? La cuestión es demasiado seria y compleja para reducirla a mágicas medidas de ingeniería social.

LINK DEL ARTICULO
http://elpais.com/elpais/2014/03/28/opinion/1396004815_356383.html

sábado, 21 de marzo de 2015

HACIENDO UNA PAUSA DE FE

HACIENDO UNA PAUSA DE FE
Por: Pavlusha K. Luyando Joo
Lima-Perú

En el silencio está Dios, desde allí se le puede contemplar, escuchar y entender a Dios. Pero para ello necesitamos hacer una pausa y detenernos unos minutos.
A pesar de que vivamos en un mundo en donde todo va en una vorágine de prisas y  aceleración. En la vida de Fe es necesario parar.

La necesidad de Dios es intrínseca al ser humano, pero si el hombre vive apurado y sin pausas para Dios, empieza a empobrecerse el espíritu. El hombre que no se acostumbra a detenerse vive extremadamente ansioso, presa del pánico incluso, como si lo estuvieran persiguiendo y termina el día con un vacío en el alma de tal magnitud, que a pesar de que ha hecho muchas cosas en el día nada siente que nada le satisface.  

Cuando contemplamos a Dios y lo ponemos en medio de  la vida cotidiana, esta se ilumina de tal forma que, se aclaran los pensamientos, se amanece tranquilo, las dificultades de la vida se tornan más digeribles, de la vida se aquieta, lo imposible se hace posible.
Para parar y contemplar a Dios hay que tener la humildad de reconocer que necesitamos de Dios. Una vida trazada en llenar frenéticamente solamente las necesidades materiales termina tarde temprano en un sin-sentido. Es necesario llenar la dimensión espiritual, tomar en serio la vida espiritual parar, orar y contemplar.

En todas las circunstancias el silencio de la oración es imprescindible, no caigamos en el error de confiar en nuestro propio esfuerzo. De la oración y la contemplación se saca la fuerza y la claridad necesaria para todos los quehaceres cotidianos.
Nuestros tiempos no exigen más, es necesario parar y dar tiempo a Dios. Necesitamos más….

Si verdaderamente queremos cambiar nuestra calidad de vida y ayudar a cambiar el mundo que nos rodea, demos tiempo a Dios y
contemplémosle en el silencio de la oración.

sábado, 2 de agosto de 2014

La ausente del siglo XXI: La Voluntad

La ausente del siglo XXI: La Voluntad

Esa vieja pincelada humana que, junto con la racionalidad, la libertad, la capacidad de amar y de hacer cultura, nos diferencia de los animales.        
Autor: Por Ana Elena Barroso | 
Fuente: http://mujer-catolica.blogspot.it

El siglo pasado estuvo lleno de vicisitudes y guerras. La voluntad y la reflexión constituyeron columnas vertebrales en las generaciones que las superaron y sobrevivieron. En la actualidad muchas de las desgracias que sufre la humanidad se tratan de solucionar con otras armas que no parecen dar un resultado favorecedor al hombre.

La problemática social actual: adicciones, embarazos no deseados, madres solteras, divorcio, abandono, abuso físico, emocional, psicológico, sexual, deserción escolar, bullying, violencia, persisten en una generación que no encuentra el modo de librarse de ellas con los instrumentos que ofrece la cultura de hoy: interés individualista, mínimo esfuerzo, cero compromiso, salida fácil y cero renuncia al yo.

Una cultura que premia el camino fácil etiquetándolo de astucia, que identifica el seguir los instintos con la libertad, que acusa el uso del razonamiento de represión, que proclama el reinado de los sentimientos a flor de piel y tacha a la reflexión de cobardía, advirtiendo de cualquier compromiso como esclavizante y presentando la renuncia como fracaso. Cultura que ha engendrado una generación de la espontaneidad, donde cualquier reflexión en la toma de decisiones es lastre para la felicidad.

Estos elementos que la cultura "moderna" ofrece al hombre para enfrentar estos problemas se basan en un libertinaje y autonomía ilimitados, que pueden sonar muy atractivos, pero que en la práctica no le dan la capacidad de superar las dificultades personales que la vida le arroja.

Y esta generación, ¿Podrá encontrar la solución en los prodigios de sus manos, como la tecnología?
¿O necesita mirar atrás y aprender de aquellas generaciones de sobrevivientes de hace décadas? ¿Que tenían esas personas del siglo pasado que admiramos por sus logros y avances?

La respuesta puede estar más ceca de lo que nos imaginamos y más lejos de lo que necesitamos.

En muchas de estas complicadas problemáticas sociales modernas se percibe un fondo de dejadez. Es como si hubiéramos dejado de caminar por años y ahora quisiéramos correr del león que nos ataca. No podremos escapar porque los músculos que necesitamos para alejarse del peligro no responden. Estos músculos atrofiados podrían ser la voluntad y la reflexión.

Sí, LA VOLUNTAD
. Esa vieja pincelada humana que, junto con la racionalidad, la libertad, la capacidad de amar y de hacer cultura, nos diferencia de los animales.

"La voluntad (del latín voluntas) es la potestad de dirigir el accionar propio. Se trata de una propiedad de la personalidad que apela a una especie de fuerza para desarrollar una acción de acuerdo a un resultado esperado. La voluntad implica generalmente la esperanza de una recompensa futura, ya que la persona se esfuerza para reaccionar ante una tendencia actual en pos de un beneficio ulterior. La voluntad ha motivado todo tipo de debates filosóficos ya que está vinculada a lo que se desea realizar y al entendimiento de las razones por las cuales un sujeto escoge hacer eso. Por lo tanto, la voluntad tiene relación con el libre albedrío."(1)

Es una fuerza que nos puede llevar a muchos lados, pero que siempre nos impulsa a tratar de alcanzar aquello que consideramos un bien, o un beneficio para nosotros. De ahí que la voluntad debe estar regida y dirigida por la razón y la reflexión para que nos lleve hacia un bien verdadero.

La voluntad puede ser un elemento decisivo ante los embates del mundo moderno que nos empuja a tomar decisiones precipitadas y basadas en el sentimiento del momento, o que nos arrincona a buscar salidas escabrosas cuando estamos sumergidos en problemas que nos sobrepasan.

Por eso es importante desarrollarla junto con la reflexión, en cualquier etapa de la vida, pero con más razón desde los primeros años de vida, cuando somos niños y jóvenes.

Todos necesitamos voluntad:
                    Voluntad para resistir lo que propone cultura materialista e individualista.
                    Voluntad para tomar decisiones de vida que nos protegen de una problemática futura.
                    Voluntad que nos lleva a someter los instintos y los sentimientos a la razón.
                    Voluntad para no ceder a la presión social de la cultura utilitarista y sexualizada imperante.


La voluntad puede constituir la mejor "vacuna" para prevenir las problemáticas sociales que nos aquejan hoy, e inclusive para prevenir los dolores "emocionales" que sufren muchos de los corazones.

lunes, 28 de julio de 2014

LA CRISIS DE LA CIENCIA MÉDICA

LA CRISIS DE LA CIENCIA MÉDICA
Por: Dr. Pavlusha K. Luyando joo
Lima-Perú

En la actualidad hay una crisis muy profunda en el campo de la ciencia médica, porque en la práctica no puede dar  respuesta a todas las necesidad de, no llena el vacío de la persona sufriente, ni da respuesta al profesional de la salud de todos los fenómenos que ocurren en la interacción humana con el enfermo.

La crisis actual de la ciencia médica se debe a cambios profundos en el pensamiento del profesional de salud, que ha conllevado a la construcción de una medicina que se aleja de su razón de ser: el paciente.
Mucho tiempo estuvimos convencidos que la ciencia podía darnos todas las respuestas, de alguna manera la ciencia médica se volvió dogmática porque pretendió dar todas las respuestas,  encontró en las teoría explicaciones (parciales) de algunos fenómenos y porque fue convincente.
El Positivismo permitió el avance de la ciencia; pero paradójicamente también la ha socavado porque centrarse únicamente en los fenómenos y no en la persona.

Las dimensiones humanas: aspecto crucial
La necesidad de apoyar al paciente en la dimensión  psicológica y espiritual siempre ha sido fundamental al acompañar al paciente en la búsqueda de la salud o bien para hacer más digno y tolerable su sufrimiento. Esta parte de la interacción terapéutica  está prácticamente abandonada por la medicina. La fijación exagerada en la dimensión física de la persona, hace que no surjan posibilidades reales que necesitan los pacientes.  

No es casual por ello que gran parte de esta crisis se manifieste en hechos deshumanizantes en la medicina, en donde la vida de un anciano o la de un bebe en desarrollo sea considerada  igual o hasta menos que la vida de un animal. Al quitar del campo de acción la importancia de lo psicológico y lo espiritual  son inevitables los errores con sus respectivas  consecuencias.

La importancia de cambiar de pensamiento en la medicina, no pasa por cambiar técnicas terapéuticas menos naturales a otras más naturales, menos sofisticadas a más sofisticadas o construir más hospitales y centros médicos; sino más bien por cambiar la forma de relacionarse con la persona que sufre por alguna enfermedad.
Humanizar la medicina es humanizarse así mismo primero, ya que no se puede dar lo que uno no tiene.

El contexto político económico influye en la medicina
Otro de los hechos que más ha influye en la medicina es el contexto económico y político. Los problemas sociales no son problemas mecánicos; sino más bien complejos, por consecuencia; los problemas de salud por su complejidad y causalidad muchas veces múltiples no pueden enfocarse de forma mecánica. De allí que la formación del profesional de salud debe ser integral  y no solamente en el aspecto técnico, es decir; deberá procurar otorgar herramientas para acercarse a la dimensión física, psicológica, social, intelectual y espiritual de la persona; así como una continua formación moral.

La idea de la “rentabilidad” del acto médico antes que la ayuda sincera al prójimo ha socavado tremendamente los ideales de la medicina.

No olvidemos que también es menester desarrollar en el profesional de salud: Reflexión, capacidad crítica y creativa. El acriticismo es  también una incapacidad muy peligrosa que permite que el profesional sea proclive a la manipulación orquestada muchas veces por individuos que buscan otras cosas distintas a los genuinos ideales de la medicina.

lunes, 7 de julio de 2014

LA IRONÍA DE LA ABUNDANCIA

LA IRONÍA DE LA ABUNDANCIA
Basado en el artículo “Orgullosos de estar agobiados” (The family watch)
Modificaciones por: Pavlusha K. Luyando

Para explicar cómo es posible que en la era de la tecnología haya tantos hombres y mujeres sobresaturados; generalmente se recurre a responsabilizar al estancamiento de los sueldos y el encarecimiento de la vida; así como a la desigualdad en la distribución de la riqueza que ha crecido ininterrumpidamente desde la década de los 70.
No obstante, los datos económicos no parecen suficientes para explicar el estrés en que vive la gente sobre todo en las grandes ciudades. Según la tesis de la desigualdad, los más pobres son los que deberían sentirse más agobiados, pues sus insuficientes ingresos les llevarían a trabajar más, y tener menos tiempo libre. Sin embargo, cuando uno ve las encuestas y las investigaciones, lo que ocurre es justo lo contrario: los trabajadores con salarios bajos se sienten menos desbordados.

La mala organización del tiempo
El investigador Derek Thompsonmay, , explica que, contrariamente a lo que sugieren algunas explicaciones, los norteamericanos trabajan menos horas actualmente que en los años 60 u 80. No solo en relación en el puesto laboral sino también al uso de la tecnología en el hogar: el microondas, la aspiradora, o la televisión han hecho que el tiempo dedicado a las tareas del hogar y el cuidado de los hijos haya descendido un 35% desde 1965.
No obstante, señala Thompsonmay, no toda la sociedad se ha comportado igual en este terreno. Sectores como las madres separadas, los que han llegado más lejos en su educación o los que tienen más ingresos económicos están objetivamente más ocupados que el promedio de la población. Una madre separada con estudios universitarios y que trabaje en un sector con fuerte competencia es el prototipo de persona desbordada.
Según Thompsonmay gran parte de la sensación de estrés se debe a factores personales. Otro investigador Schulte explica que el estar desbordados, o la sensación de estarlo, ha adquirido prestigio social. Quien se queja de “no tener ni un minuto” a veces lo hace como una forma de elogiarse a sí mismo. 
En ciertos sectores sociales, dedicar tiempo a una actividad sin utilidad inmediata es visto como un signo de debilidad.

Aunque es cierto que cada vez se difumina más la frontera del trabajo con la del tiempo libre, también lo es que esto no solo se debe a la presión de un jefe demasiado exigente, sino a una mala organización del tiempo por parte del trabajador. Como comenta Kolbert, “vemos fotos de gatos o enviamos mensajes personales durante las horas del trabajo, y luego respondemos correos de trabajo mientras cenamos”. La compulsión por la “multitarea” (hacer varias cosas al mismo tiempo) nos hace menos productivos, e incluso menos inteligentes, según han señalado algunos investigadores.

Thompsonmay denomina la “ironía de la abundancia”: “saber que hay diez programas en televisión que deberíamos ver, nueve libros importantes que leer, ocho destrezas indispensables que tu hijo no está adquiriendo, siete formas de ejercicio físico que deberías practicar, seis maneras de disfrutar tu ciudad que no has podido probar, etc., hace que desarrollemos una hipertrofia del deseo que conduce a la sensación de insatisfacción, y de que el tiempo no nos cunde”.
Quienes más capacidad de elección tienen, por sus ingresos, sienten más esta tiranía de la abundancia. Se produce un círculo vicioso: se trabaja más para tener más posibilidades de disfrute; como se tiene menos tiempo, se desarrolla la necesidad de aprovechar “a lo grande” ese poco tiempo, lo que muchas veces lleva a un modelo de disfrute basado en el consumismo.

La nefasta cultura del yuppie
El hombre, llegado a un punto de satisfacción suficiente de sus necesidades económicas, se conformaría con sus ingresos y disfrutaría más del tiempo libre. En cambio, una gran parte de la sociedad norteamericana moderna –aunque esto podría aplicarse sin dificultad a otros países desarrollados– se ha comportado de forma insaciable con respecto al dinero, y ha hecho del trabajo “la principal experiencia de autorrealización”, Es lo que se denomina la “cultura del yuppie”.
Este ritmo de vida frenético muchas veces oculta, una sensación de vacío en cuanto a las preguntas profundas de la vida, las que tradicionalmente le han dado sentido. En un artículo para The New York Times, el escritor Tim Kreider señalaba que la sensación de estar ocupado actúa en las sociedades modernas como un tranquilizante ante el vacío existencial, y reivindicaba un sano “no hacer nada” de vez en cuando, especialmente necesario para las tareas creativas y humanísticas, tan injustamente relegadas.


El deseo genuino de disfrutar de la tecnología para que  “el tiempo libre sea abundante, de modo que todos podamos dedicarnos a la formación del espíritu, la reflexión, la religión, el arte, a la realización de todas las cosas buenas de la vida”. Algo más de cincuenta años después, esas “cosas buenas” han sido sustituidas por un consumismo que no sabe cómo salir de su propia trampa.
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Escriba a: luyandojoo@yahoo.com

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